domingo, 26 de agosto de 2012

Caso Assange: ¿la información es un derecho humano?


Javier Aranda Luna
La Jornada, 22 agosto 2012

Julian Assange creyó –como establece la ONU– que la libertad de expresión es un derecho humano y que el derecho a la información veraz y completa, otro.

Por eso compartió con The New York Times, con Der Spiegel, con Le Monde y con La Jornada miles de documentos del Pentágono que han dado cuenta de los usos y costumbres de la política internacional y de sus daños colaterales, como el que muestra el video de aquella cacería en la que los tripulantes de un helicóptero artillado Apache masacra a niños y a un par de periodistas de Associated Press en Medio Oriente.

Algunos minimizaron las revelaciones de Assange en la página de Wikileaks cuando empezaron a circular por todo el mundo. Decían que todo eso ya se sabía, que eran puras frivolidades. Pero frivolidades o no circularon con profusión en todas partes.

Otros, como el escritor Mario Vargas Llosa dijeron que no era libertad sino libertinaje lo que practicaba el periodista australiano. También que ese libertinaje ponía en riesgo las vidas de agentes de todo el mundo que hacían trabajos de inteligencia.

Otros más han criticado que se haya refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres por los no muy buenos antecedentes que el mandatario ecuatoriano ha tenido con algún periódico de su país. ¿En qué embajada tendría que haberse refugiado? ¿En qué país existe una relación sana y plena con la prensa local como para optar por ella?

Si Londres no da el salvoconducto a Julian Assange para que vuele a Ecuador, el activista tiene sobradas razones para dudar de los buenos oficios de la justicia británica.

¿No fue el propio aparato judicial inglés el que juzgó al periodista Robert Fisk por su cobertura en el Medio Oriente? Lo juzgó y ganó Fisk por cierto. Pero el caso del periodista colaborador de The Independent y La Jornada y el del editor australiano son diferentes. Fisk no perdió su libertad ni corrió el riesgo de ser extraditado a otro país.

Tal vez los ingleses sólo quieran colaborar con su aliado Estados Unidos para extraditar a Assange a Suecia para que de allí sea llevado a los tribunales estadunidenses.

Hay que recordar que en Estados Unidos se encuentra preso en un centro militar Bradley Manning, quien filtró a Julian Assange los documentos dados a conocer por Wikileaks.

Manning después de ocho meses de reclusión aún no tiene la perspectiva de un juicio. Y eso podría ocurrirle a Assange en Estados Unidos o algo peor: si se le acusa por espionaje y traición podría ser condenado a la pena capital.

Si el primer ministro sueco Frederik Reinfeldt ha considerado culpable públicamente a Julian Assange, ¿qué garantiza que sus posibles jueces suecos no se hayan sensibilizado en igual sentido? Otro periodista, Stieg Larsson, ha demostrado con numerosos reportajes y con la saga formidable de Milenium que algo apesta en Suecia cuando se habla del aparato judicial.

Assange y su representante el juez Baltasar Garzón tienen fundadas razones para sospechar que la vida del director de Wikileaks, corre peligro. Y algo saben los dos al respecto. Assange por los miles de documentos a los que tuvo acceso y Garzón porque el espíritu de Francisco Franco lo deshabilitó para ejercer en España. De nada sirvió su lucha contra Pinochet. El espíritu de Franco y sus seguidores terminaron por marginarlo con todas las de la ley. Tal parece que los que atacan al juez son los mismos que atacan a su cliente.

¿Llegará a la corte de La Haya el caso Assange por la negativa del gobierno inglés para darle un salvoconducto? ¿Invadirá el gobierno inglés la embajada ecuatoriana? ¿Garantizará el gobierno sueco que no extraditará a Julian Assange si acepta ser juzgado en su territorio? ¿Si eso ocurre el gobierno estadunidense pedirá su extradición? ¿Assange cumpliría entonces su amenaza de correr la manta para hacer público un archivo cifrado de 1.38 GB en el que se encuentran documentos secretos más incendiarios y comprometedores que los ya conocidos?

El juez Garzón dice que Assange sabe que tiene la razón de su parte. Seguramente, pero no basta. A los duros de todas partes no les importa convencer sino vencer. Lo demás es lo de menos.

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